domingo, 9 de diciembre de 2012
LA TAMBORA no es africana… ¡es aborigen!
jueves, 15 de septiembre de 2011
Mitología Taína o Eyeri Ramón Paner y la Relación sobre las Antigüedades de los Indios: El primer tratado etnográfico hecho en América: Edición

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Nueva edición de la Relación escrita por el fraile catalán de la Orden de San Jerónimo, Ramón Paner. Es considerado como el primer documento etnográfico recopilado en el Nuevo Mundo. Paner llegó a la isla Española en 1494 con Cristóbal Colón en su segundo viaje y el Almirante le encomendó la tarea de recopilar las creencias y costumbres de los indígenas del lugar. La Relación fue completada y traida de vuelta a la Peninsula en 1498. Esta edición es la primera que contiene un facsímil del manuscrito original escrito en italiano del siglo XVI, y el texto de la crónica en castellano, inglés e italiano, junto con extensas notas en español, fotos de los artefactos, y dibujos de varias fuentes históricas. Es la piedra fundamental para los estudios indigenistas. Incluye: La Relación de Fray Ramón Paner sobre las costumbres de los indios de la isla Española fue escrita en catalán? por Francesc Albardaner Llorens ESCRITURA DE FRAY ROMÁN (PANÉ) DEL ORDEN DE SAN GERONIMO. De la antigüedad de los indios, la cual, como sujeto que sabe su lengua, recogió con diligencia, de orden del Almirante EPÍTEMO DE LA CRÓNICA DE FR. RAMÓN PANÉ INCLUIDA POR PEDRO MÁRTIR DE ANGLERÍA EN SU DE REBUS OCEANICIS ET NOVO ORBE. Década I, Libro IX Francisco López de Gomara. Historia General de las Indias. Capítulo XXVII .
La religión de la isla Española Francisco López de Gomara. Historia General de las Indias. Capítulo XXVIII. Costumbres Columbus, Ramon Pane and the Beginnings of American Anthropology. TREATSIDE OF FRIAR RAMON ON THE ANTIQUITIES OF THE INDIANS WHICH HE AS ONE WHO KNOWS THEIR LANGUAGE DILIGENTLY COLLECTED BY COMMAND OF THE ADMIRAL by Ramon Pane. Translated into english language by Edward Gaylord Bourne. Gonzalo Fernández de Oviedo, Historia General y Natural de las Indias. Tomo I, Libro V, Capítulo I. Que tracta de las imágenes del diablo que tenían los indios, e de sus idolatrías, de los areitos e bailes cantando Fray Bartolomé de las Casas. Apologética Historia Sumaria. De los sacrificios que usaban hacer en esta isla Española. Capítulo CLXVI Joseph Luis Pequero. Historia de la Conquista de la Isla Española de Santo Domingo trasumptada el año de 1762. Fray. Jerónimo Roman y Zamora . Repúblicas de indias. Idolatrías y gobierno en México y Perú antes de la conquista. Tomo I. Capítulo II. De la religión y dioses de las Indias de la Nueva España. Tócanse cosas de mucha erudición. (reproducción en facsímil de la versión original que trata sobre las creencias Eyeri) Antonio de Herrera y Tordesillas. Historia general de los hechos de los castellanos en las islas i tierra firme del mar océano. Década I, libro III. Capítulo III. De la descripción de la isla Española, y costumbres de los naturales y sus ritos y Capítulo IV, Que continua lo que el precedente, en lo que toca a la Española, y costumbres de los naturales. (reproducción en facsímil de la versión original). Fernando Colón. Historia del almirante Don Cristóbal Colón. Primer volumen.
Capítulo LXI. De algunas cosas que se vieron en la isla, y de las costumbres, ceremonias y religión de los indios. L' Abbé Brasseur de Bourbourg. Glosario de voces indigenas para la lengua Eyeri. Glosario de Lenguas Amerindias: Vocábula Bárbara de Antonio de Nebrija Vocabulario para la lengua Aruaca: Anyo de 1765 Relación sobre las Antigüedades de los Indios (reproducción en facsímil de la versión original en italiano) de Fray Ramón Paner Scrittura di fra Roman delle anchita degl' Indiani, le quali egli con diligenza, come huomo che sa la lor lingua, ha raccoltte per commandamento dello ammiraglio (transcripción en italiano con las correspondientes notas publicada en la Raccolta Colombiana por la Commissione Colombiana del Ministerio de Instrucción Pública de Italia en 1892
http://www.amazon.com/Mitolog%C3%ADa-Ta%C3%ADna-Relaci%C3%B3n-Antig%C3%BCedades-Indios/dp/1463593880/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1311718356&sr=8-1
domingo, 2 de agosto de 2009
Un dios taíno castigó a los cristianos
El miércoles 29 de junio de 1502 llegó Cristóbal Colón a la incipiente ciudad de Santo Domingo sin que las autoridades coloniales lo estuvieran esperando.
Colón había sido desterrado de la isla Española dos años antes por el Juez Pesquisidor Francisco de Bobadilla, después de una investigación que arrojó numerosas acusaciones contra Colón y sus hermanos por su gestión política y administrativa mientras éstos gobernaron la isla entre 1493 y 1500.
Durante más de quinientos años la documentación de esa pesquisa judicial estuvo perdida, hasta que recientemente fue encontrada en el Archivo General de Simancas, en España, por la archivista Isabel Aguirre, quien la suministró a la historiadora sevillana Consuelo Varela, a resultas de cuyo análisis ha resultado la publicación de un sorprendente libro titulado "La caída de Cristóbal Colón: El Juicio de Bobadilla", publicado en Madrid hace apenas tres años.
Después de leer las deposiciones de los testigos contra los hermanos Colón, deja de sorprender que Bobadilla haya apresado al Almirante y lo haya enviado engrillado a España junto a sus hermanos, en octubre del año 1500.
Al llegar a la Española Nicolás de Ovando, el sustituto de Bobadilla, recibió las informaciones recogidas por Bobadilla y escuchó de varios informantes testimonios nada favorables al Descubridor de las Indias.
Por ello, cuando Colón hizo escala en Santo Domingo, en el curso de su cuarto viaje a las Antillas, Ovando "no se alteró nada", según cuenta su hijo Hernando en su "Historia del Almirante" que recoge numerosas noticias de primera mano de aquel periplo por las islas del Caribe y las costas de Centroamérica.
"Habiendo ya entrado en el puerto, envió el Almirante a Pedro de Terreros, capitán de uno de los navíos, para hacerle saber que tenía de mudar aquel navío; y que así por esto, como porque él esperaba que viniese una gran tormenta, deseaba entrar en aquel puerto (en el río Ozama), para guarecerse; advirtióle que en ocho días no dejase salir la armada (en que viajaría Bobadilla se regreso a España), porque corría mucho riesgo".
"Pero el comendador no consintió que el Almirante entrase en el puerto (a pesar de que Colón tenía autorización de los Reyes para hacerlo), y mucho menos impidió salir la armada que partía para Castilla, la cual era de veintiocho navíos, y debía llevar al Comendador Bobadilla, que había preso al almirante y sus hermanos, a Francisco Roldán y a todos los otros que se habían sublevado contra él, de quienes habían recibido tanto mal."
"A todos lo cuales quiso Dios cegarles los ojos y el entendimiento para que no admitiesen el buen consejo que les daba el Almirante. Yo tengo por cierto (continúa narrando Hernando Colón, su hijo) que esto fue providencia divina, porque, si arribaran éstos a Castilla, jamás serían castigados según merecían sus delitos; antes bien, porque eran protegidos del obispo Fonseca, hubiesen recibido muchos favores y gracias;"
"y por esta causa (Ovando) facilitó su salida de aquel puerto hacia Castila; porque, llegados a la punta oriental de la Española, una gran tormenta los embistió de tal manera que sumergió la nave Capitana, en la cual iba Bobadilla con la mayor parte de los rebeldes, e hizo tanto daño en los otros navíos que no se salvaron si no es tres o cuatro de todos los veintiocho."
Como Colón no pudo resguardarse en la ría del Ozama, apenas pudo pasar la noche allí y se vio obligado a salir con sus naves a buscar refugio hacia el oeste y lo encontró en el puerto de Azua, pero en el camino las ráfagas de la tormenta le hicieron pasar un malísimo tiempo a su hermano Bartolomé y al Capitán Terreros, tanto que cuenta Hernando Colón que estuvieron a punto de naufragar, pues les cogió la noche siguiente en el camino, pero al final se salvaron. La nave de Colón no tuvo mayores dificultades en llegar a la ensenada de Azua, llamada hoy puerto viejo.
Según Hernando, "el Almirante no había corrido peligro por haberse acercado a ella, como sabio astrólogo (y astrónomo) que conocía el paraje de donde podía venirle daño. Por cuyo motivo, podían bien culparle los que le aborrecían, de que había producido aquella tormenta por arte mágica para vengarse de Bobadilla y de los demás enemigos suyos que iban en su compañía, viendo que no habían peligrado alguno de los cuatro de su armada, y que de veintiocho que habían partido con Bobadilla, uno solo, llamado la Guquía, que era de los peores, siguió su viaje a Castilla y llegó salvo con 4,000 pesos de oro que el factor del Almirante le enviaba de sus rentas; a Santo Domingo volvieron otros tres, que se salvaron de la tormenta, maltratados y deshechos".
Esta es una de las primeras noticias de la ocurrencia de huracanes en las Antillas escritas por los europeos y, como se ve, su interpretación está envuelta en consideraciones religiosas y mágicas pues entonces no se conocían sus causas y, al igual que para explicar otros fenómenos naturales, la gente normalmente acudía a consideraciones mágico-religiosas al no entender leyes naturales que hoy nos resultan familiares.
Los españoles no eran los únicos que veían la mano de la providencia en la ocurrencia de los huracanes. Los indios taínos también lo hacían y, dadas sus concepciones animistas, los ciclones eran un fenómeno producido por causas espirituales, por lo que algunos cronistas e historiadores han supuesto que eran entidades divinas. En otras palabras, que un ciclón era un dios, y la palabra "huracán" era el nombre que ellos daban a este dios.
Ahora bien, sobre el origen de la palabra huracán hay en nuestros días un debate que no ha sido zanjado pues unos suponen que es voz maya, puesto que, por una parte, está mencionada en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, mientras que cronistas tan autorizados como Gonzalo Fernández de Oviedo, Pedro Mártir de Anglería y Bartolomé de las Casas la identifican como perteneciente al lenguaje taíno.
Según Oviedo, "Huracán, en lengua desta isla, quiere decir propriamente tormenta tempestad muy excesiva; porque, en efecto, no es otra cosas sino grandíssimo viento é grañidísima y excesiva lluvia, todo junto ó cualquiera cosa destas dos por sí."
En el mismo capítulo de su Historia Natural y General de las Indias, Islas y Tierra-Firme del Mar Océano en que Fernández de Oviedo ofrece esta definición, también describe con muchos detalles el impacto y los efectos de dos terribles huracanes que pasaron por la ciudad de Santo Domingo, uno el 3 de agosto de 1508, y el otro el 10 de julio de 1509.
Del primero, "descían los indios que otras veces solía aver huracanes; pero que no avía jamás acaecido otro tan gran ni tan semejante en su tiempo, ni se acordaban aver oído ni visto cosa de tanto espanto é trabajo en sus días ni en los de sus passados."
Mártir de Anglería, por su parte, describe otros huracanes, y habla particularmente de uno de los primeros, anterior a los mencionados anteriormente, que golpeó la isla en junio de 1494, y fue conocido por los habitantes de La Isabela, en el norte de la Española.
Según este cronista, "a estas tempestades de aire, que los griegos llaman tifones, dan los indígenas el nombre de "huracanes", y aseguran que en la isla de que hablamos se producen frecuentemente, aunque nunca tan violentos y furibundos, pues ningún ser viviente había visto en su tiempo, ni oído de sus mayores que un torbellino semejante, capaz de arrancar los árboles más grandes, se hubiese abatido sobre la isla, ni constaba tampoco que el mar hubiese experimentado allí tempestad alguna".
Sobre el origen de la palabra huracán queda mucho de qué hablar todavía.
Sobre el origen de la palabra huracán hay en nuestros días un debate que no ha sido zanjado pues unos suponen que es voz maya, puesto que, por una parte, está mencionada en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, mientras que cronistas tan autorizados como Gonzalo Fernández de Oviedo, Pedro Mártir de Anglería y Bartolomé de las Casas la identifican como perteneciente al lenguaje taíno.
Autor: FRANK MOYA PONSFuente: http://www.diariolibre.com
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lunes, 2 de febrero de 2009
Hatuey: Rebelde hasta la muerte
Según escribió el Padre Bartolomé de las Casas, que al llegar lo primero que hizo Hatuey fue mostrar una cesta de oro y abalorios de ese metal y después dijo: "este es el dios que los españoles adoran. Por esto ellos luchan y matan, por esto nos persiguen y es por eso que tenemos que lanzarlos al mar".
No todos los aborígenes creyeron lo que Hatuey les decía. Aun así con pocos hombres y rudimentario armamento, el cacique y sus seguidores mantuvieron en jaque a los colonizadores durante tres meses. Atacaban de sorpresa y después se retiraban a las lomas. Solo la traición pudo frenar el ímpetu de los defensores de la isla.
Aquel dos de febrero, una década después de la llegada de Cristóbal Colón al nuevo mundo en 1492, Diego Velázquez, fundador de Baracoa, rodeó con sus fuerzas y capturó al cacique Hatuey, quien fue atado con las manos a la espalda y conducido a la hoguera para ser quemado vivo.
Antes de que ocurriera aquel acto salvaje de los "civilizados españoles" se le acercó un sacerdote con una cruz para ofrecerle en nombre de Cristo la salvación de su alma si se arrepentía de los pecados cometidos. Le habló del cielo y del infierno.
El cacique preguntó que si también los colonizadores iban al cielo y el religioso le dijo que sí. Entonces Hatuey respondió que no quería ir al cielo para no encontrarse con los españoles allí. Dijo que prefería el infierno antes que estar con ellos en el paraíso.
Han transcurrido 497 años del día en que Hatuey fue quemado vivo, un acto de extrema crueldad que el cacique enfrentó con gran entereza, y demostrando una rebeldía ante los colonizadores que es ejemplo imborrable en la historia universal.
Photo: Monumento al cacique Hatuey en Baracoa, Cuba.
Autor: Lydia Esther Ochoa
Fuente: Radio Angulo
Aviso público: Los perspectivos, puntos de vista y opiniones en el artículo “Hatuey: Rebelde hasta la muerte” no reflejan necesariamente aquellas de La Confederacion Unida del Pueblo Taino (CUPT).

