miércoles, 23 de febrero de 2011

Lloran los peces del Batey Delfín

Mayagüez, BORIKEN - Al alcalde de Mayagüez, José Guillermo Rodríguez, siempre le inquietó el hecho de que aunque a la ciudad se le conoce como el pueblo Indio, los indios de allí no dejaran rastro de su existencia.

Quizás por eso, cuando el promotor cultural adscrito al Instituto de Cultura Puertorriqueña, Edwin Albino le alertó sobre la posible existencia de un asentamiento taíno en los márgenes del Río Yagüez, en el barrio El Quemado, se embarcó en la aventura de auspiciar un trabajo de investigación -con la colaboración del ICP- que dio con el asentamiento que confirma la existencia de los indios de Mayagüez.

El Batey Delfín del Yagüez se encuentra localizado a unos 6.5 kilómetros al este de la bahía de Mayagüez, en el barrio El Quemado. El lugar es una terraza de origen aluvial de aproximadamente unas cinco cuerdas ubicadas en la parte alta del cauce medio del Río Yagüez.

"La terraza forma parte de la ladera de una montaña de una estribación que arranca del macizo de la Cordillera Central conocida como Montañas Urayoán, dice el arqueólogo Juan Rivera Fontán en una ponencia sobre la investigación que llevó al hallazgo del asentamiento y que fue presentada en el VI Encuentro de Investigadores, sobre trabajos de investigación arqueológica del ICP.

La montaña lleva el nombre del valiente Cacique Urayoán, regidor de esa comarca quien junto al Cacique Supremo Agueybaná ahogó en el Río de Añasco al español Diego Salcedo para probar que los colonizadores no eran ni dioses ni inmortales.

Su elevación fluctúa entre los 63 y 67 metros sobre el nivel del mar. Y la montaña de la cual forma parte tiene una altura de 230 metros.

La forma del Batey Delfín del Yagüez es un paralelogramo un poco irregular con sus cuatro esquinas abiertas. Mide 47 metros de longitud con un promedio de 33 metros de ancho cubriendo un área aproximada de mil 551 metros cuadrados.

"Por sus dimensiones se puede considerar como el cuarto de mayor tamaño de los bateyes reportados en Puerto Rico, sólo superado en tamaño por los bateyes de Sabana en Orocovis (4,900); Palo Hincado A, en Barranquitas (3,850) y Caguana A (Plaza Principal), en Utuado (1.750).

No es sólo el cuarto en tamaño sino que su iconografía lo sitúa como uno de los más importantes hallazgos de todo el Caribe y el primero de iconografía marina.

Las piedras que forman el muro este del asentamiento presentan una especie de estela iconográfica en la que se destacan la representación de cuatro figuras de animales marinos. Dos de esas figuras son esculturas de cetáceos de 1.50 metros de longitud promedio.

La primera escultura representa un Delfín el cual tiene labrado un ícono antropomorfo en su costado. Ese elemento iconográfico atrajo tanto la atención de los investigadores que se ha utilizado para darle nombre a este sitio arqueológico: Batey Delfín del Yagüez.

La segunda escultura se ha identificado como una Ballena Cachalote. El tercer ícono marino es un petroglifo que representa la figura de un pulpo con cara antropomorfa y una lágrima en su ojo izquierdo.

La cuarta figura es una piedra con una forma sugestiva semejante a un pez que no muestra evidencia de alteración artificial. Por su asociación dentro del conjunto rupestre que se presenta en el muro el arqueólogo Rivera Fontán postula "que los constructores le dieron un significado y se considera como un eco-ícono, parte integral de la iconografía del batey".

El concepto eco-ícono (objeto natural sin modificación artificial que representa o que contiene una significación) aplica al monolito del terminal sur del muro. La piedra resultó ser la de mayor tamaño en la estructura del batey y ostenta en sus cuatro lados una masiva presencia de hoyos helicoidales (marmitas). "Por su colocación y disposición (sacada unos 50 cms. al oeste de la alineación exhibe una destacada presencia dentro de la estructura", sostuvo.

Ese contexto les dio indicio a los investigadores de los atributos simbólicos presentes en el monolito y su participación dentro de las representaciones rupestres del batey.

"Una iconografía similar pero elaborada en rocas calizas la hemos encontrado en varios monolitos remanentes de un batey en el sitio U-27 del Barrio Caguana en el municipio de Utuado (Proyecto Caguana-Utuado) y en monolitos de la colección arqueológica del Instituto de Cultura Puertorriqueña", dijo.

El suelo rojo intenso de la terraza está formado, básicamente por sedimentos aluviales depositados por el Río Yagüez, con una contribución menor de sedimentos coluviales (producto de la erosión del monte que la delimita hacia el este), sobre un manto de roca descompuesta.

De hecho en la plataforma se han localizado 86 manchas de posibles socos de estructuras, "elementos de suma importancia para definir la organización interna de este asentamiento".

Rivera Fontán, arqueólogo de la División de Arqueología del ICP que ha estado al frente de la investigación desde hace 15 años recuerda que en el primer reconocimiento se verificó que la alineación de piedras descubiertas en la finca del Barrio El Quemado "formaba parte de una primitiva construcción indígena asociada a las áreas de bateyes o a los llamados centros ceremoniales de los indios antillanos"

"De los elementos registrados en este batey resaltamos la impresionante muestra de arte rupestre que exhibe. Quince de las piedras en los muros de este batey tienen algún tipo de representación iconográfica. De interés especial son la extraordinaria asociación de seis figuras marinas, cuatro en el muro este y otras dos en el muro oeste. Sobresale la presencia de dos sorprendentes esculturas que representan dos cetáceos, la de un delfín y la de una ballena cachalote, elementos reportados por primera vez en el registro arqueológico del Caribe", ha dicho textualmente Rivera Fontán.

La asociación temática de este batey con la fauna marina se comprueba con el hallazgo de cinco pequeñas esculturas en piedra de 60 centímetros de longitud que representan figuras estilizadas de peces. "Estas pequeñas esculturas desplazadas de su lugar original fueron encontradas dentro de la masa de relleno de los taludes".

"Este conjunto de figuras marinas puede catalogarse como un hallazgo excepcional en los estudios de la arqueología indígena del Caribe", apunta Rivera Fontán.

El investigador llama la atención a la presencia de dos piedras en el muro este que aunque son totalmente naturales por sus formas sugestivas, su asociación dentro de la estela del muro y/o por su colocación destacada se entiende que los constructores le imprimieron algún tipo de significación. "Otro detalle de este conjunto es la presencia de lágrimas en el ojo izquierdo en tres de los petroglifos documentados", fue una cita.

La técnica de construcción utilizada para levantar los paneles de piedra que forman los muros del batey, es la de colocar varios niveles de piedras superpuestas contra los cortes o taludes construidos. Las piedras de la base son de mayor tamaño y están orientadas de manera horizontal, sobre éstas se colocaban otros niveles de piedra.

"Encontramos evidencia que apunta a que este batey fue sometido a procesos de rehabilitación y/o reconstrucción. Elementos que evidencian esta posibilidad son la doble disposición de estratos compuestos por materiales mezclados (una especie de mogolla) encontrada en la formación del talud en el muro oeste, la presencia de monolitos con petroglifos que originalmente debieron tener una orientación vertical y están colocados de manera horizontal y la presencia de socos hacia su interior", hemos citado.

Otros artefactos asociados a actividades súper estructurales fueron recuperados durante la investigación. "Nos referimos al hallazgo de unos seis trigonolitos burdos, una máscara de piedra de cara antropomorfa y una cuenta de piedra con una figura humana labrada en su cuerpo central. La presencia de estos artefactos nos indica el acceso de sus habitantes a una serie de bienes de prestigio o poder que acentúa la importancia de este asentamiento en el desarrollo del poblamiento Taíno de la región", fue una cita.

En la plataforma elevada que define el sector sur de la terraza se documentaron unas 86 manchas de posibles socos. Lo que demuestra, según el arqueólogo "la existencia de por lo menos tres estructuras de madera asociadas al batey".

"El Batey Delfín del Yagüez es el primer sitio arqueológico asociado a la cultura taína reportado dentro de la jurisdicción del Municipio de Mayagüez", confirma Rivera Fontán.

Los resultados obtenidos hasta el momento demuestran, sin lugar a dudas a que estamos en presencia de un lugar habitacional de primer orden. Su naturaleza y magnitud apuntan hacia la existencia de un importante núcleo poblacional taíno en la región para el momento previo a la conquista y colonización española.

"La presencia de esa área de batey y la posibilidad de que existan otros bateyes en este sector perduró en la memoria colectiva de la región debiendo ser el elemento que generó el nombre del Barrio Bateyes. La colindancia actual de este barrio queda sólo a unos cien metros al sureste del batey.

De como dieron con el batey, Rivera Fontán cuenta que en el año 1983 se desarrolló en el lugar la construcción de un sistema de charcas para cultivar camarones, actividad que transformó por completo la morfología de la terraza. Como parte de esos trabajos se realizaron cortes y nivelaciones de las laderas del monte, la remoción de corteza terrestre de la terraza y el depósito de grandes cantidades de relleno para crear los cabezales que delimitaban las charcas. Rivera Fontán incluso encontró evidencia que apunta a que hubo una relocalización de una quebrada al norte del batey.

De aquella primera visita de inspección que hicieron los arqueólogos del ICP y el personal del municipio de Mayagüez a la finca de camarones de El Quemado han pasado 15 años. Hoy el batey está restaurado y listo para exhibir su singular belleza. Ahora se afinan los detalles para la construcción de estructuras que permitan complementar lo que será el primer parque arqueológico de Mayagüez.

Ya puede estar tranquilo el alcalde de Mayagüez. Los indios del Yucayeque del Yagüeca son de la estirpe del Gran Cacique Urayoán, aquel cuya estrategia puso fin a la falacia de la inmortalidad de los explotadores colonizadores, y por quien se organizó la gran revolución liberadora del pueblo taíno. Allí, en el Barrio El Quemado está la evidencia de su existencia rescatada en honor a su grandeza y valentía. Quién sabe si por él, todavía hoy, lloran hasta los peces del Batey del Delfín del Yagüez.

Autor: Millie Gil
Fuente: http://mayaguezsabeamango.com

miércoles, 9 de febrero de 2011

BAIRA TRADICIONAL...

TALLER DE ARCO Y FLECHA TRADICIONAL,

PARQUE SAC. LOS QUINONES ,

YAUCO P.R

SABADO 12 FEB. 8AM A 4 PM .

INFO 787 974 5992 o 787-871-1532


*Traditional archery workshop in Boriken

Fuente/Source: http://www.uctp.org/index.php?option=com_events&Itemid=58

lunes, 7 de febrero de 2011

Quinto Centenario de la Rebelión Taína en Puerto Rico (1511-2011)

Viernes, 18 de febrero a las 7:30 pm - 19 de febrero a las 5:00 pm

Un simposio histórico, entrada libre de costo.

Localización: Aula Magna, Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe
Calle Cristo 52, Viejo San Juan
San Juan, Puerto Rico

La Fundación Cultural Educativa (FCE), en colaboración con el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC), presentará el simposio Quinto Centenario de la Rebelión Taína en Puerto Rico (1511-2011). Este memorable evento se llevará a cabo en el Aula Magna del CEAPRC, el 18 y 19 de febrero de 2011.

El propósito fundamental de este simposio es conmemorar los cinco siglos de la rebelión taína en Puerto Rico por medio de una serie de conferencias. Se enfocará el tema desde una perspectiva de su valor histórico, social, económico y religioso. Este significativo hecho histórico fue el resultado del choque de dos mundos, de la explotación del indígena por la encomienda y la economía minera del conquistador. A la vez, el alzamiento indígena tuvo como consecuencia la rebelión de los dominicos con el sermón de fray Antón de Montesinos en Santo Domingo a finales de ese año, todo lo cual produjo una alegada revisión del sistema de la encomienda. Por todo ello, la trascendencia de la rebelión taína es una fecha histórica que no debe olvidarse.

El viernes 18 a las 7:30 p.m. será la noche inaugural-coctel con una conferencia magistral "La rebelión taína de 1511: Una visión retrospectiva” por el Dr. Luis González Vales, Presidente de la Academia Puertorriqueña de la Historia y Presidente de la Junta de Síndicos del CEAPRC, y la conferncia "La rebelión taína: Crónicas de una guerra negada" por el Arqlo. Miguel Riodríguez López, rector del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Para la ocasión la Sociedad Numismática pondrá en circulación una moneda alusiva a la rebelión taína.

El sábado 19, desde la 8:30 a.m. y durante todo el día, se presentarán una serie de interesantes ponencias* alusivas al tema.

Dr. Sebastián Robiou Lamarche, “Teodoro De Bry: La imagen gráfica del taíno y la crítica a la conquista española”

Dr. Jalil Sued Badillo, “Caciques y cacicas: Los azares de la investigación etnohistórica”

Marimar Benítez, “Afirmación - Negación, el dulce encanto de la herencia indígena”

Dr. Francisco Moscoso, “Las Leyes de Burgos de 1512-13, entre la rebelión taína y la colonización española”

Sra. Tina Casanova, “El tema indígena en la literatura puertorriqueña”

Dr. Luis N. Rivera Pagán, “Las Capitulaciones de Burgos, los inicios del episcopado caribeño, la voz profética y la tragedia indígena”

Dr. Juan Manuel Delgado, “Cinco siglos de resistencia e identidad boricua”

Dr. Osvaldo García Goyco, “El yacimiento Jácana, su probable contemporaneidad con la rebelión taína de 1511”

*Sujeto a cambios.

Información adicional (787)723-4481

viernes, 28 de enero de 2011

¿Todavía tenemos aborígenes en Cuba?

Mercedes Quesada, una natural de Jiguaní que conserva algunos rasgos de los indígenas, confesó hace varios años que en los lugares en los que ha vivido nunca ha faltado el caney. Foto: Juventud Rebelde

JIGUANÍ, KUBA (Granma) — Tal vez a estas alturas, en pleno siglo XXI, la pregunta que titula estas líneas pudiera parecer fuera de lugar, pues bastante se ha repetido que aquellos pobladores primigenios del archipiélago quedaron exterminados prontamente por el látigo, las enfermedades y la espada de los colonizadores.

Sin embargo, en este pedazo de Cuba nombrado Jiguaní, la interrogante acaso no se mire como un disparate. Porque aquí —para asombro de los forasteros— aún se respiran ciertos aires indígenas.

Tales ambientes están relacionados con la comida, las costumbres, la artesanía y hasta con los rasgos físicos de muchas personas.

La sorpresa está vinculada también a la historia: este poblado, fundado el 25 de enero de 1701 —cuando hipotéticamente ya no había indios—, nació aborigen.

"Este lugar es una de las excepciones de Cuba. Mientras el resto de las villas, comenzando por Baracoa, se fundaron por deseos de los españoles, Jiguaní se creó por interés del indio Miguel Rodríguez, oriundo de Bayamo, quien junto al cura Andrés Jerez, decidió reconcentrar aquí, para protegerlos, a los naturales dispersos de estos territorios, situados entre los ríos Contramaestre y Cautillo" señala el historiador local Hugo Armas, quien lleva más de 30 años investigando sobre el legado aborigen en la región.

Él subraya que la zona, a principios del siglo XVIII era idónea como refugio de los indígenas que huían de la persecución de los colonizadores. Por eso, se estima que el curato de Jiguaní fue fundado, después de la aprobación de las autoridades de la metrópoli, con más de 20 familias indias.

Y si bien es cierto que otros dos pueblos —Caney y Guanabacoa— surgieron con rostro indígena, luego cambiaron su fisonomía debido a las migraciones negras, convirtiéndolos en sitios en los cuales lo aborigen fue desplazado.

Indios puros

¿Hasta cuándo hubo "indios puros" en Cuba y específicamente en Jiguaní? La pregunta es difícil de responder porque la mezcla de razas sobrevendría inevitable con el tiempo.

Pero Hugo Armas señala un fenómeno peculiar de la comarca: familias enteras como los Ferrales, Rivero, Reyes, Quesada, Anaya, Aguilera, Aguilar, Garcés, Leyva, Reyes, Sosa, Fuentes y Andino —todas con rasgos aborígenes— se entrecruzaron entre sí hasta una cuarta generación, y dieron lugar a grupos muy parecidos racialmente. Hoy, incluso, descendientes de estas parecen indios "puros", cosa de la que, con razón, se vanaglorian.

Lo cierto es que Jiguaní, en 1818, dejó de ser, por decreto de España, pueblo aborigen. Pero 18 años después, como bien señala el investigador, había pruebas de la existencia de indígenas, pues ese año el alcalde Miguel Íñiguez, ascendiente de Lucía Íñiguez (la madre de Calixto García), planteó la "necesidad de mantener a los protectores de los indios".

No obstante, más allá de la fecha de extinción de la raza, lo que importa es darnos cuenta de toda la huella aborigen que tenemos ante los ojos.

Por ejemplo, en los caseríos de La Seca, Santa Cruz, Palmarito, Cañadón, Monte Alto y la Seiba (con «S») y el propio Jiguaní, habitan personas como Miguel Fajardo, de 96 años, que hablan con orgullo de sus antecesores primitivos:

"Mi tía pasaba el día fumando o mascando tabaco, tenía el pelo largo y negro y la piel cobriza, tomaba café en una vasijita de güira, comía mucho casabe y usaba zapatos tejidos", cuenta él con alegría.

Mientras, la anciana Mercedes Quesada expresa con aires de satisfacción: "En el patio de las casas en que he vivido nunca ha faltado un caney, y siempre hemos tenido afición por la hayaca, plato elaborado a partir del maíz".

Hugo Armas agrega que en la zona existen otros preparados a partir de ese grano, como el atol y el revuelto (en este se condimenta la harina y se añade carne, en aquel tiempo preferentemente de jutía) y el ajiaco (cocer viandas y carne en una misma vasija).

Y acota que, además de la cultura culinaria, hay una "gran tradición de elaborar cestos, jibes, zapatos y otros utensilios a partir de fibras de plantas", tal como lo hacían los indios cubanos.

Otras huellas

Siempre se ha dicho en Cuba que «el que no tiene de congo tiene de carabalí», frase con la que se acuña nuestra ascendencia africana y el consiguiente mestizaje negro-europeo.

Pero con regularidad se olvida que en un principio los colonizadores debieron unirse y tener hijos con indias, no con africanas. En esa interacción las madres, siempre más cerca de los vástagos, tuvieron que transmitir, aunque fuera furtivamente, sus tradiciones y hasta parte de su léxico.

Este tipo de mezcla, luego desaparecida como tendencia por la llegada de numerosos negros, se mantuvo, sin embargo, en estas regiones del valle del Cauto.

Hoy en esta región de Cuba se emplean vocablos como: tubonuco (azul se asienta cerca del ojo), nacío (cosa dura está ahí), sabana (pocos árboles dentro), ñata (no hecha), manía (no gusta al indio), areíto (mejor paso del indio en la noche) y otros con significados no traducidos al arauco: hayaca, sobaco, cutara, macana, fututo, jigüe, caguayo, bayoya, güira, guayaba, yagua, guano, yarey, entre otros.

Y la toponimia resulta abundante en términos aborígenes: desde el propio Jiguaní (río de oro), hasta Bayamo, Guacanayabo, Yara, Babatuaba, Babiney, Cupaynicú, Maboa, Macanacú, Jatía, Mabay, Jagua, Casibacoa, Cupey, Ceiba, Vija, Pepú…

Entre los aportes que nuestros primitivos dejaron están las construcciones basadas en el empleo de la tabla de palma y la yagua. No se ha de olvidar que constituyeron el núcleo de lo que más tarde sería el campesinado. Ellos dejaron para la posteridad los llamados caneyes, construcción de guano de ocho lados, aún presente en unas pocas viviendas de Jiguaní y en lugares recreativos de Bayamo. Incluso, una instalación de las más concurridas por la población en esa ciudad lleva justamente ese nombre: Los caneyes.

Otros tres elementos de la cultura material de aquellos antepasados han vivido hasta hoy y, acaso porque se han hecho universales, no reparamos en su procedencia: el tabaco, la hamaca y la canoa.

Agreguemos algunas de las leyendas fantásticas conocidas hoy, como las del jigüe o güije, que tienen raíces aborígenes. Para nuestros primitivos el jigüe (la etimología de la palabra dice mucho) era un duende enano que hacía que se perdieran los caminantes en lugares cercanos a ríos o lagunas, en los que él tenía su hábitat.

Y nos inclinamos a que debió ser jigüe, como se dice en Jiguaní y otras regiones orientales, y no güije, que es la expresión de la parte occidental donde la herencia aborigen fue menor.

Con la leyenda del jigüe pasó como con la de la Virgen de la Caridad: el enano, con el tiempo, se convirtió en negrito, lo que hizo pensar equivocadamente en su procedencia africana.

Otro de los cautivadores mitos de los taínos que traspasó centurias está relacionado con los llamados cagüeiros, leyenda aún viva en Jiguaní, Bayamo y zonas colindantes. Los cagüeiros eran hombres capaces de convertirse en animales, transfiguración inherente a la mitología de los indios.

"Para ellos, como explica el prestigioso investigador Aldo Daniel Naranjo, muchos seres animados o inanimados poseían propiedades sobrenaturales: las piedras podían hablar, los árboles cantar".

También de ese mundo religioso, del que a veces se dice no quedó nada, proviene el llamado espiritismo de cordón.

Otra huella tangible está en la manera descriptiva e informativa de expresarse de cientos de pobladores de Granma, Las Tunas y Holguín; como también resulta peculiar la forma de entonar la lengua, con cierta musicalidad, diferente a otras regiones del país, musicalidad que se les debe obviamente a los naturales antillanos.

Además, aún en el lenguaje tropológico de la región se aprecia esa sombra indígena, como señaló la especialista en lingüística Libia Peña Roblejo. Frases como "te comiste la guayaba", comunes aquí, merecen su interpretación. Maquetaure Guayaba, era el dios de los muertos, de los ausentes; y las guayabas eran los alimentos predilectos de las opías: los muertos.

Hoy Jiguaní, después de 310 años justos de vida, no tiene el rostro aborigen como aquel que surgió con el nombre original de San Pablo de Jiguaní. Y muchos de sus pobladores ni siquiera recuerdan la raíz india del pasado. Sin embargo, otros cientos sí viven orgullosos de sus ancestros. Ellos saben que laten en el centro de una historia que los hace únicos, llenos de leyendas hermosas que deberíamos apuntalar más allá de la fecha de la fundación.

Autor: Osviel Castro Medel
Fuente: http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2011-01-24/todavia-tenemos-aborigenes-en-cuba/

sábado, 22 de enero de 2011

Peligran vestigios de nuestra historia por culpa de Vía Verde

Federico Freytes sostiene que el calendario tan ambicioso para construir el proyecto pone en riesgo nuestros patrimonios arqueológicos.

BORIKEN - La Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, en Toa Baja, bendecida por el obispo Fray Manuel Jiménez Pérez, un cementerio dividido para blancos y para negros y yacimientos que datan del año 600 en adelante, entre otros, son importantes vestigios de nuestra historia, que peligran si se convierte en realidad la construcción del proyecto Vía Verde, propuesto por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

Este riesgo se suma a los impactos ya discutidos públicamente que el proyecto propuesto implica para comunidades y para el medioambiente.

El arqueólogo y presidente de la Fundación Educativa Caribe Arqueológico, Federico "Riki" Freytes, advirtió que la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) se aprobó en diciembre de 2010 sin que se hubiesen hecho estudios arqueológicos de manera exhaustiva.

"Uno de los problemas más grandes que tenemos en Puerto Rico es el desconocimiento de la importancia de la arqueología. No promovemos el turismo cultural histórico, de ruinas. El calendario tan ambicioso para construir el proyecto representa una gran amenaza para nuestros patrimonios arqueológicos. En la DIA no se incluyó el estudio de los yacimientos que pudiesen impactarse cuando se abran los caminos de acceso para la maquinaria. Será entonces cuando entren las palas mecánicas y salgan huesos o pedazos de vasijas que se darán cuenta de lo que había en una serie de lugares", indicó el arqueólogo.

Freytes se remontó a principios de la década de los noventa, cuando en medio de la construcción de la autopista José de Diego los constructores contratados por el Gobierno se toparon con huesos en su maquinaria. Los hallazgos en el Paso del Indio, en Vega Baja, revelaron que en dicho lugar, entre las pilastras del propuesto expreso ubicaba uno de los yacimientos más importantes de los taínos y culturas también pretaínas. Curiosamente, la tubería de gas también pasa muy cerca del preciado lugar.

El arqueólogo y profesor Reniel Rodríguez sentenció que el estudio Fase 1A, que comprendió la investigación de archivos y recorridos por la superficie, contenido en la DIA “ presenta una gama de deficiencias.El inventario de yacimientos realizados para el proyecto omite lugares reportados hace más de medio siglo”. Ejemplo de estos es el que ubica en el valle de Pellejas, documentado en 1952 en el “Scientific Survey of Puerto Rico and the Virgin Islands”.

Reinel además advirtió que de las 92 millas de extensión de la servidumbre del proyecto, los investigadores sólo recorrieron 27.6 millas, por lo que se dejaron 64.4 millas sin evaluar. “Los investigadores sólo recorrieron un 30 por ciento del terreno a ser impactado por este proyecto”, dijo.

Al igual que Freytes, Rodríguez apuntó que la DIA no contempló el impacto de la remoción de vegetación y corteza terrestre de las vías de acceso sobre los posibles yacimientos en el lugar.

Cataño, Toa Baja, Vega Baja, Barceloneta, Arecibo y Utuado, figuran como algunos de los municipios por donde la tubería amenazaría yacimientos o lugares de valor histórico.

Otros de los yacimientos en peligro son las haciendas construidas en mampostería y ladrillo, las antiguas vías del tren y molinos construidos en ladrillos.

Cambios en la ruta de la tubería

La AEE alterará la delineación de la tubería de gas natural en Utuado donde ubica el yacimiento Salto Arriba, cerca del recinto universitario de la UPR y también en Toa Baja donde ubica la Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria. Así lo informó el consultor de la AEE para el proyecto Vía Verde, Daniel Pagán, quien confirmó que la determinación se tomó luego de realizar el estudio de archivos e inspección inicial que formó parte de la DIA. Sin embargo, reconoció que por la importancia de otros yacimientos en la ruta de la Vía Verde la AEE autorizó en el presente mes de enero realizar una segunda fase de estudios arqueológicos que conlleva excavación. Estas excavaciones no deben tomar más de dos meses. Pagán descartó que este asunto vaya a retrasar la construcción de la tubería.

Autor: Sara M. Justicia Doll
Fuente: http://www.primerahora.com