sábado, 7 de noviembre de 2009

LOS TAÍNO y LAS AVES

Representacion en barro de un buho taino (mucaro)

Por: Lynne Guitar, Ph.D. (Historia & Antropología, Universidad de Vanderbilt, EE.UU.)

Directora Residente, CIEE—Programa de Artes Liberales, PUCMM, Santiago de los Caballeros, República Dominicana

Miembro, Consejo de Ancianos/as, Fundación Guabancex Viento y Agua


DIA DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS, 8 de agosto 2009

Los indígenas del Caribe probablemente navegaban la cadena de las islas antillanas hasta Kiskeya (Haití, Bohío) siguiendo la ruta de las aves migratorias.

Los primeros en llegar (hace unos 7-8,000 años) eran cazadores-pescadores-recolectores— años después llegaron los indígenas agricultores. Esta y las otras islas del Caribe que colonizaron tenían una flora verde y abundante. Las aves trajeron la mayoría de las plantas y los árboles de que dependían los indígenas. Las aves comían las frutas y las semillas de las plantas y los árboles que encontraban en Tierra Firme y en las otras islas, trayendo las semillas dentro de sus cuerpos y dejándolas en sus excrementos durante sus vuelos migratorios.

Aves de todo tipo y sus huevos proveían comida en abundancia para los indígenas.

Los cronistas españoles escribieron que los jóvenes varones entre los taíno mantenían iguacas (cotorras [¿cucas, coticas?]) como mascotas.

La palabra Jajabi y/o Xaxabís probablemente indicaba los pericos (Aratinga sp.), y Guacamayo, que era el nombre taíno, aún indica en español la misma ave, ahora desaparecida de la isla (Ara sp.).

Los jóvenes se cubrían de hojas y, acompañados por sus iguacas mascotas, subían a los árboles cercanos. Sus mascotas gritaban cuando los jóvenes las mandaban. Esto atraía a las iguacas silvestres, y ellos las capturaban y mataban para el caldero de ajiaco, el antepasado del sancocho.

Tanto las hembras como los varones pequeños entre los taíno tenían la responsabilidad de proteger los conucos de las aves. Los protegían tirándoles piedras. Por supuesto, si mataban alguna, también la echaban al ajiaco.

Los taino también comían aves asadas en un espetón u horneado—cubrían los cuerpos de las aves con barro y los horneaban en las cenizas calientes de sus fuegos.

Los españoles se quejaban que los taíno cocinaban aves enteras, sin primero quitarles las plumas y las entrañas.

¿Las entrañas? Pues, son alimenticias. Los indígenas de las Américas casi nunca desperdician las cosas alimenticias.

Durante la temporada de migración, cuando miles de aves acuáticas descansaban en las lagunas, lagos y ríos lentos, se podían capturar cientos de ellas a la vez. Los taíno ahumaban su carne en [ci]bucanes, elaborados de palos verdes, para preservarla por más tiempo. Los taíno también ahumaban en [ci]bucanes los cientos de bijiritas (palomas) que capturaban por medio de redes que tiraban encima de los árboles donde estaban perchadas. Varios cronistas escribieron que los taíno atraían las bijiritas por medio de la imitación perfecta de sus cantos.

Los taíno desarrollaron una técnica para capturar aves acuáticas que los españoles describieron como “graciosa,” y quizás lo era. Lo que hacían era acercar y rodear en silencio la parte de la laguna, estanque de agua o lago donde las aves estaban descansando y comiendo…. Y de repente tiraban higüeros al agua. Las aves, bien asustadas, volaban, haciendo mucho ruido. Circulando, podían ver que los higüeros eran inofensivos, así se bajaban al agua otra vez. Ahora los cazadores ponían higüeros grandes y vacíos encima de sus cabezas—con hoyos para que pudieren ver y respirar--y cuidadosamente entraban al agua hasta el cuello, para que solamente se viera los higüeros. Movían sus cabezas para imitar el movimiento de los higüeros flotando en el agua. En sus manos, escondidos debajo del agua, cada cazador tenía un macuto. Al acercarse una de las aves acuáticas, el cazador daba un halón por sus patas para que las otras pensaran que se sumergió para comer algo… y la ponía en su macuto, donde se ahogaba en silencio. De esta manera los cazadores podían moverse en el agua y llenar sus macutos… y las barrigas de sus familiares.

Pero las aves para los taíno tenían más valor que servir simplemente como mascota o proteína. Las iguacas, por ejemplo, tenían un valor comercial y las regalaban con frecuencia.

Cristóbal Colón escribió en su diario que todos los indígenas que encontraba en “Las Indias” le ofrecían iguacas con mucho respeto.

Los taíno decoraban la cima de las coronas de algodón de sus kacikes con plumas de colores brillantes. Usaban plumas para “bordar” diseños intrincados y bellísimos que utilizaban en la decoración tanto de las coronas y las capas ceremoniales de los kacikes, como las naguas de algodón de las nitaínas casadas y las tiras de algodón que todos llevaban en sus antebrazos y en las pantorrillas de sus piernas.

Tantos los varones como las hembras añadían plumas decorativas de color a los collares que llevaban en ocasiones ceremoniales. Algunas de las cuentas arcaicas que se han encontrado tienen hoyos perforados en dos direcciones, uno para el cordón y otro para las plumas.

Las aves tenían otros usos prácticos para los taíno. Las costumbres habituales de éstas, en particular las de las aves migratorias, asistían a los taíno a mantener su calendario anual.

Y hay unas especies que nunca vuelan lejos de la tierra, así que podían guiar a los pescadores y/o negociantes que navegaban en alta mar durante el día.

Hasta los cambios más pequeños de las costumbres de las aves—costumbres que los taíno conocían íntimamente porque ellos y sus antepasados habían vivido aquí por miles de años—podían alertarlos de las vaguadas y los hurakanes feroces que podían entrar con gallardía y causar destrucción generalizada. Le servía para esto la tijereta, porque: “se pueden ver volando en las brisas de los frentes, así que indican los cambios meteorológicos” (Wikipedia).

Después de 1492, cambios en las costumbres de las aves también podían indicar la llegada inminente de los barcos y patrullas de españoles.

Otro mito taíno que preservó Pané habla del día cuando [el] Inrirí [Chauvial] (pájaro carpintero) ayudó a los primeros seres humanos de la isla a crear nuevamente las mujeres después de que Guaguyona, el primer bejike, se fue con todas las originales. Atraparon a unas criaturas resbalosas y sin género que encontraron jugando en unos árboles un día de lluvia, usando los caracaracol (hombres con una enfermedad de la piel que ponía muy ásperas y escamosas sus manos). Ataron a las criaturas y pusieron algunos inrirí para que pudieran picotear donde están los genitales de la mujer.

En otro mito sobre Guaguyona (el primer bejike), envió a un hombre con el nombre de Yadruvava a buscar una hierba que se llamaba digo con la que la gente se limpiaba su cuerpo. Yadruvava salió antes del amanecer, pero Güey, el sol, lo atrapó en el camino y lo cambió en un ave “que canta por la mañana, como un ruiseñor. El ave se llama Yahuba Bayael”.

Nos informan los Taíno de la Tribu Jatibonuco (Boriken), viejas historias que dicen que érase una vez que los colibrí eran moscas que transformó el Papá Sol (Güey).

William Keegan y Betsy Carlson (“Talking Taíno: Birds of a Feather”) creen que los taíno asociaban el colibrí con el arco iris por “la forma medialuna del cuerpo del colibrí y su plumaje iridiscente…”

“El arco iris forma un puente que conecta la tierra, el cielo, y el mundo de las aguas subterráneas: los tres dominios del cosmos taíno. Los animales que se mueven libremente entre estos dominios se estimaban mucho”, ellos escriben.

El colibrí más pequeño, el Colibrí Abeja, era denominado por las taíno Guaní, una palabra que señala la nobleza. (Antes se encontraron en todas la islas de la Antillas Mayores, pero hoy solamente existe en Cuba y Caicos del Medio.)

En adición a Guaní y Colibrí, otros nombres taínos para los colibrí aparentemente eran Zum-Zum, Guacariga y Guaracacigaba. Los de la Tribu Jatibonuco de P.R. dicen que los últimos dos nombres quieren decir "Rayos del Sol" en taíno.

No sabemos todos los nombres taínos para las aves que vivían en Kiskeya—pero hay un record de unos 50.

Pictografia taina de aves interactuando

Bejikes y Aves

Los bejikes tenían múltiples roles importantes: médico, cura, diplomático, un mediador andrógino entre géneros, clanes, tribus, naciones y centros de poblaciones—y entre los más poderosos de los cemís de los taíno. Una de las responsabilidades principales de un bejike era dirigir los funerales y ritos para honrar a los cemís (los espíritus de los muertos), rituales que dirigían principalmente dentro de las cuevas.

El aliado más poderoso de los bejikes era Maquetaurie Guayaba, el Señor de los Muertos y el Kacike de Coaybay, el mundo divino de los taíno.

El símbolo de Maquetaurie Guayaba es el múcaro (búho)—múcaro significa “Águila de la Noche”.

Es un ave con la visión tan aguda por la noche, que podía ver hasta dentro del mundo divino.

Es por todo esto que el múcaro era un símbolo de la muerte y la vida de ultratumba para los taíno, y aún sigue siéndolo hoy día en casi toda la región de las Antillas Mayores--si un búho ulula cerca de su casa, es mensaje de malas noticias—la tradición dominicana dice que indica que un miembro de la familia pronto va a morir.

Las pictografías de los bejikes en las cuevas representan los mitos y leyendas antiguas, ritos sagrados como la ceremonia de cojoba, los cemís que controlaban la brisa, la lluvia, el sol y los hurakanes, y los comestibles de que dependía su gente, incluyendo muchas representaciones de aves en todas las categorías mencionadas.

Aves en ramas

¿Representan las pictografías de las Cuevas de Pomier el dominio que tienen las aves de la parte más elevada del cosmos taíno de tres niveles?

Muchos especialistas piensan que si.

Entonces, quizás también representan los kacikes entre los taíno, quienes eran los más elevados de poder entre ellos, como también han sugerido unos especialistas.

Unos creen que la pictografía de cinco aves sentadas en una rama (que se pintó en una pared de la Cueva Pomier no. 1), representa los cinco kacikazgos en que se dividía la isla cuando llegaron los españoles en 1492, o los cinco kacikes supremos.

Los behiques también pintaban aves que representaban a los seres humanos en unos “letreros” que indican cómo recorrer los tuneles difíciles dentro de algunas de las cuevas sagradas.

¿Quizás las aves representan los seres humanos porque los dos caminan de manera vertical?

Pictografías de aves están en muchas de las cuevas en todas partes de la isla. En algunas las aves representan a los seres humanos, en otras, solamente… aves.

¿Tiene la mayoría unas significaciones más profundas? La verdad es que SE CONOCE muy poco sobre las significaciones de las pictografías, petroglifos y otros símbolos de los taíno o de los indígenas que les antecedieron. Solamente podemos hacer adivinaciones informadas.

Imágenes Taínas de Aves

El cosmos de los taíno era de tres niveles: agua, tierra y cielo. Para ellos, las aves eran sagradas porque podían “fácilmente cruzar entre el cielo y la tierra”.

Las aves acuáticas eran más sagradas porque podían cruzar entre agua, tierra y cielo. (Keegan y Carlson).

Aparentemente los taíno asociaban las aves acuáticas con Coatrisquie, uno de los asistentes de Guabancex, la cemí (andrógina) de los huracanes. Coatrisquie y Guatauba juntaban las aguas que llegaban a la tierra de una manera destructiva. Keegan y Carlson sugieren que las imágenes taínas del pelícano representan a Coatrisquie.

Es obvio que las aves influenciaran mucho a los taíno--su gracia, sus habilidades como cazadores, en la forma de cuidar con dedicación a sus bebés, la naturaleza comunal de algunas (como las ciguas palmeras), y por supuesto en sus canciones.

Las celebraciones comunales entre los taíno se llamaban areitos, una palabra que significa “canción” en taíno.

Las canciones melódicas de los seres humanos, que sin duda estaban influenciadas por el canto de las aves, eran sumamente importantes para los taíno. Eran tan importantes que no había un obsequio mejor que un ser humano pudiera regalar a otro que una canción, hasta para regalar a un kacike.

La música y el canto aún forman parte integral de la vida cotidiana de los dominicanos y de todas sus celebraciones.

La música y el canto, un patrimonio alegre que nos llega de lo alto—¡de los taíno y las aves!

FUENTE: EPISTHEME

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